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+34 971 841 293

Visita

La visita a las cuevas dura entre 35 y 40 minutos, entra un solo grupo cada vez, aproximadamente cada media hora.

Visita con guías en español, francés, inglés y alemán.

La temperatura es de 18 º y la humedad del 80%. Desde la entrada se accede al vestíbulo y de allí a la Reina de las columnas, altísima estalacmita de 22 metros de altura. A continuación al Infierno donde se ofrece un espectáculo de luz y sonido de unos 3 minutos de duración. Del Infierno al Purgatorio y tras visitar la sala del Teatro y el Órgano llegamos a la sala de banderas, el guía golpea tres columnas dando cada una un tono distinto, visitamos El Elefante y yendo hacia la salida pasamos por las piedras de Diamantes que debido a su composición a base de carbono semejan gemas.

A la salida, espectaculares vistas sobre la bahía de Canyamel.

servicios

Las cuevas de Artá están situadas en la costa marítima del término municipal de Capdepera, en el Cap Vermell, rodeadas de montañas que se levantan sobre el mar. Han sido visitadas desde tiempos remotos y es muy probable que las conocieran los primitivos habitantes de la isla y los diversos pueblos que posteriormente la habitaron.

Franqueada la entrada, de una gran altura, se accede a un vasto departamento llamado Vestíbulo o Salón de Entrada, en el que innumerables estalactitas de prodigiosas formas y extraordinarias proporciones penden de una elevada bóveda. Altas estalagmitas se levantan del suelo, elegantes y esbeltas, semejando vagamente formas humanas, espectros misteriosos, inmóviles, rígidos, indiferentes a la mirada del hombre y con esa imponente superioridad de las maravillosas creaciones de la naturaleza.

Después se baja la larga escalera de piedra que conduce al piso del vestíbulo para tomar un sendero que lleva al Salón de las Columnas donde el conjunto adquiere el aspecto de un interior gótico sembrado de delgadas columnas, ojivas esbeltas, doseles afilagranados y mil detalles admirables. Mientras se va pasando por aquella multitud de columnas hasta penetrar en otro salón inmediato, se suceden de un modo fantástico los más sorprendentes cambios de luz.

Tras bajar los seis u ocho escalones que conducen al Salón de las Columnas se atraviesa éste por un camino y se penetra por un portal a un gran departamento elipsoidal llamado Salón de la Reina de las Columnas, en donde se puede contemplar una columna de unos veinticinco metros de altura que, arrancando del centro mismo del salón se eleva adelgazándose en elegantes festones hasta llegar a la altísima techumbre. En dirección al extremo opuesto del salón se llega frente a una agujero bastante pequeño rodeado de anchas cortinas de piedra. A este conjunto se le da el nombre de dosel.

Otro de los salones, inmenso, es el que se ha bautizado como Infierno, uno de los más vastos y admirables de las cuevas, por el que se extienden columnas, rocas, estalactitas y estalagmitas y en el que a la izquierda, desde una gran altura, cae una ancha cortina de piedra cuyos pliegues tocan al suelo. La cierra a la derecha una gruesa y afiligranada columna que sube a más altura que ella y a la izquierda un alto lienzo de rocas. En el fondo, un gran número de estalactitas caen sobre las rocas y las estalagmitas formando una especie de gigantesco monumento con altos arcos y delgadas columnas. Hay rocas que semejan animales monstruosos y todo tiene un aspecto infernal y maravilloso que provoca en el espectador la sensación de haber sido trasportado a un lugar jamás soñado. Volviendo atrás podemos ver una negra y gruesa estalagmita que mirada a la distancia conveniente pareceun león echado majestuosamente sobre el suelo y, claro está, la imaginación nos puede dejar ver formas más o menos caprichosas en todas las estalagmitas ( vírgenes, ángeles, serpientes, gallos, dragones, árboles…) Torciendo a la derecha del león y subiendo unos cuantos escalones se alza al frente un elevadísimo espacio que forma otro departamento conocido con el nombre de La Gloria, en el que se perciben vagamente en lo alto de la bóveda caprichosas concreciones que figuran grupos de ángeles sobre blancas nubes esparcidas por sus altas paredes.

Dejando a la espalda este departamento se penetra en un verdadero bosque de columnas entre las cuales serpentea la estrecha y húmeda senda hasta penetrar en otro salón cuadrilongo, bajo de techo y vulgarmente conocido como El teatro. Del techo y junto a la pared del fondo penden unos cortinajes semejando bambalinas y dentro otros que llegan hasta el suelo figurando bastidores. Deshaciendo el camino seguido hasta aquí y habiendo atravesado la sala Obra Fina de Mallorca, se toma por un estrecho pasadizo encerrado entre altos lienzos de roca oscura y se va a desembocar en el último grandioso salón: el Salón de las banderas.

En lo alto se ve desplegada una ancha bandera con elegantes pliegues y asta erguida. En el fondo se levanta un ancho grupo de columnas gigantescas que simulan un órgano colosal cuya extremidad superior se perdiera en las nubes. A los lados, las cristalizaciones penden de las paredes como encajes desplegados. Una olumna de veinte metros de altura se distingue en el fondo bañada en ondas de luz. A la izquierda, en la misma estancia cae de lo alto otra bandera tras unas columnas que se apoyan en el primer techo. Junto a este departamento se encuentra El Salón de las campanas, llamado así por los sonidos particulares que producen las estalactitas que en él existen al ser heridas con una piedra.

Al fin, se deshace el camino seguido desde el principio hasta llegar al Vestíbulo, desde el que se empieza a percibir la luz del día hasta llegar a la entrada, desde la que se puede contemplar el mar, el cielo y las montañas.